Mi Camino a Santiago de Compostela (Epílogo)

Habíamos llegado a Santiago de Compostela, la capital de Galicia, avanzado desde el Monte Do Gozo y acercándonos poco a poco, con paso lento pero seguro, el paisaje fue cambiando de campo a autopistas, avenidas, edificios y tiendas grandes, para luego mutar nuevamente -conforme nos acercábamos al centro- a pequeñas calles empedradas, edificios de cantera y piedra, cómo si nos hubiéramos transportado nuevamente a la Edad Media. Un espectáculo maravilloso observar cómo se abría paso la inmensa plaza D’Obradoiro ante nuestros ojos y en uno de sus flancos la imponente Catedral milenaria.

Ahí estaba, pisando el mismo lugar que Santiago el discípulo de Jesús y con muchos otros peregrinos que me antecedieron y sucederán, en el punto de reunión de millones de caminantes de todas partes del orbe, creyentes y ateos, compartiendo, unidos, todos en comunión.

La cascada de sensaciones inmensas al haber realizado un sueño, un objetivo que tenía en la mente desde hacía casi una década. Sin lugar a dudas los tiempos de Dios son perfectos. El cansancio ya no se siente, puro gozo.

Al volar de regreso a Madrid aproveché para reencontrarme con Felipe, buen amigo y ex compañero del Tec, oriundo de España, me invitó a desayunar, aún recuerdo, a un restaurante que se llamaba algo así como 100 montaditos, que no son como los de Chihuahua, sino una especie de panecillos rebanados por la mitad y con guisos en la parte de arriba, yo los describiría mas como molletes pequeños con guisados.

Debo confesar que no pude tramitar mi Compostela ni mi certificado, pese a que fui a la oficina del peregrino dos días consecutivos la encontré cerrada; resulta que en invierno el horario de atención lo reducen, un día llegué tarde y el otro llegué antes de que abrieran, sólo estaba la afanadora. Después mandé un correo electrónico al sacerdote encargado de la oficina para ver la posibilidad de hacerles llegar mi pasaporte del peregrino vía paquetería y que me regresaran mi Compostela por el mismo medio, desafortunada o afortunadamente el padre me dijo que era imposible de esa forma, el trámite es en persona y me sugirió regresar cualquier otro día a Santiago de Compostela a tramitarla.

Dios obra de maneras misteriosas, ese era otro mensaje divino, el papel es irrelevante, lo que importa es la memoria, el aprendizaje, en mi mente está todo lo vivido y aprendido durante el Camino, ahí permanecerá más intacto que un papel, mi confesión con el portero de la iglesia en Madrid, la puerta de Alcalá al amanecer, las manos de mi bisabuela que me dieron agua cuando estaba sediento, mi abuela que me dio ánimo a mitad del bosque en la noche, las oraciones de mi madre, los encuentros aleatorios con Juan Ramón, el viaje en tren con la pareja de Ourense, el delicioso caldo gallego, la plática con nuestros compañeros de albergue en Gonzar, el guardián de la iglesia de Barbadelo, las lentejas, la buena charla con Gonzalo, la compañía de Obed, la picaña, el pulpo con papas, la lluvia, el frío, la brisa, las hojas crujir, el bosque, los paisajes, los pies, Sara.

Almas que coincidimos en espacio-tiempo y que compartiendo nos engrandecemos, todo lo llevo en el corazón y hago las siguientes reflexiones:

  1. Vivir es más importante que guardar.
  2. Empujemos nuestros límites.
  3. Dejemos de ser extranjeros en nuestro propio ser.
  4. El papel impreso que llamamos dinero no puede comprar una compañía sincera, un atardecer en el bosque, sentir la lluvia en tu piel, tampoco dos piernas para caminar, ni unas horas extras de vida.
  5. No dejemos para después la realización de nuestros anhelos.
  6. El peor error que cometemos en la vida es vender nuestro tiempo sin poder recuperarlo.
  7. Para dominar el alma tienes que aprender primero a dominar el cuerpo. Alma y cuerpo son binomio perfecto.
  8. La máxima fatiga, la cruel adversidad, la penitencia te fortalece.
  9. Descubrí que el dolor no es mi límite, después de mucho caminar logré entrar a un estado de misteriosa paz.
  10. El sufrimiento una vez encarado sin temor es un pasaporte a la libertad
  11. Al aceptar con resignación el entorno implacable, al comprender lo inevitable del caos es cuando dejas de querer controlar, te liberas y aprendes a vivir la vida enfrenando con alegría las variables que no puedes manejar.
  12. Al rendirte ante la magnanimidad de la Naturaleza y Dios, quedas libre. Es un acto divino en donde al hincarte te elevas.
  13. No somos nada ante la Creación.
  14. Las almas que están destinadas a encontrarse, tarde que temprano lo harán.
  15. Cada quien camina a su propio paso. La vida no es una competencia.

Y en palabras de Coelho: “cuando pensaba que iba a desistir, un extraño sentimiento me invadió: había alcanzado mi límite, y más allá de él había un espacio vacío, en el cual parecía flotar por encima de mi mismo e ignorar lo que estaba sintiendo (ignorar el dolor, el agua, el frío, los tennis mojados, la espalda deshecha por la mochila, todo desaparecía) ¿será esa la sensación que experimentan los penitentes?

En el extremo del dolor y el sufrimiento encontraba regocijo, una puerta a un nivel diferente de conciencia y ya no había espacio para nada más, solo para la naturaleza implacable -y para ella misma- invencible”.

Y como dijo el buen Joaquin: “El Camino a Santiago nunca acaba”, fue apenas mi despertar.

Fotografía por Agustín Hernández.

Millenial, ciudadano de la aldea global, peregrino de la vida. Ingeniero Industrial amante de las letras y el café con pan. La sociedad civil es la vía. Síganme los buenos: @AgustinHdezRojo

One thought on “Mi Camino a Santiago de Compostela (Epílogo)

  1. Bravo hijo excelente epilogo de tu travesía hacia Santiago de Compostela, son recuerdos que perduran a través del tiempo y la distancia y que han enriquecido tu vida de una manera positiva y viva, y, a la vez nos has enriquecudo a nosotros con tus narraciones, GRACIAS!!!

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